Por suerte, tenemos clara la necesidad de una revisión anual odontológica y también la importancia de las revisiones ginecológica en el caso de las mujeres.

La revisión ocular es una prueba rápida e indolora que debería ser periódica desde los 3 años. ¿Por qué tanta gente deja la revisión de la vista para cuando ya hay problemas manifiestos? Imaginamos que por falta de información sobre qué enfermedades se pueden detectar incluso antes de afectar a la agudeza visual y de cómo una revisión ante ciertos síntomas nos puede evitar, en ocasiones, secuelas importantes en el ojo afectado.

¿En qué consiste la revisión de la vista?

Existen dos tipos de revisión visual. La rutinaria la pueden llevar a cabo tanto médicos como optometristas y no precisa del uso de instrumental sofisticado, ni siquiera de las famosas gotas para dilatar la pupila. Por cierto, si nunca te han mirado el fondo de ojo y tu oftalmólogo lo considera oportuno, no te alarmes: verás borroso durante unas horas, pero podrás llegar a casa a pie y no irás chocando con las paredes.

Cuando el oftalmólogo precisa ver el fondo de ojo puede solicitar también otras pruebas como la ecografía ocular, pero los estudios que componen las revisiones de vista habituales son los siguientes:

  • Tonometría, para medir la presión intraocular y detectar los problemas de glaucoma cuanto antes. Un diagnóstico precoz de esta enfermedad asegura el mantenimiento de la visión, a veces con una buena agudeza visual, hasta en un 95% de los casos.
  • Retinografía o examen visual o fotográfico de la retina. Esta prueba rápida, sencilla y no molesta permite detectar algunas enfermedades, incluyendo ciertas que, de no tratarse, conducen a la ceguera.
  • Topografía, en especial si vas a utilizar lentes de contacto, para poder hacerlas adaptadas a la curvatura de tu ojo y a tus dioptrías. De nuevo es una prueba no invasiva.
  • Campimetría o perimetría visual. Como su nombre indica, evalúa la amplitud del campo visual. Las alteraciones en este valor puede ser un indicio de glaucoma o de retinosis pigmentaria.
  • Agudeza visual. Esta es la batería de pruebas en las que solemos pensar cuando nos hablan de una revisión de la vista. Con ellas se evalúa la agudeza visual y se buscan problemas refractarios, pero también otras alteraciones como la ambliopía u ojo vago.

Importancia de revisarse la vista

¿Cómo saber si tengo que ir al oculista? Aunque creas que tu visión no ha variado, necesitas realizar revisiones rutinarias, en especial en edades críticas como son la infancia desde los 2-3 años hasta que concluye el crecimiento, y la edad adulta a partir de los 45 años.

Aparte de las revisiones de rutina, acude de inmediato a un oftalmólogo o, al menos, a un optometrista, si experimentas alguno de los siguientes síntomas:

  • Pérdida repentina de la visión de uno o ambos ojos.
  • Disminución en la amplitud del campo visual que aparece de repente o avanza de manera rápida.
    Existe una excepción, y es cuando sufres migrañas y ya te han sido diagnosticadas. De todas formas, ante una migraña especialmente fuerte o con mucha aura, lo mejor es solicitar una revisión visual también de inmediato, aunque casi siempre estés ante una falsa alarma. No sería la primera vez que alguien sufre un desprendimiento parcial de retina y lo confunde con una crisis migrañosa complicada.
  • Si tus ojos comienzan a estar llorosos, irritados o sufres fatiga ocular al ir terminando la jornada. También si crees que comienzas a necesitar lágrimas artificiales, aunque en este caso no es preciso que pidas la cita de un día para otro.
  • Si has recibido un golpe en el ojo o sientes cualquier cosa extraña, por pequeña que sea, acude al médico de inmediato.
  • Cuando has estado convaleciente o muy débil y tu vista se ve afectada, cosa que es normal, una revisión adelantada te permite conocer si hay afectación visual o esa neblina que te impide ver bien se debe a tu estado físico.

¿Cada cuánto es aconsejable una revisión ocular?

Además de los casos de urgencia que marcan cuándo ir a un oftalmólogo para hacerse una revisión de la vista completa y algunos problemas adicionales como un derrame ocular tras una cirugía o como consecuencia de un nuevo tratamiento farmacológico, las revisiones oculares se deben hacer cada año o cada 6 meses, dependiendo de la edad y de si hay o no ciertas enfermedades de la vista o algunos factores de riesgo como la diabetes.

En los niños, las primeras revisiones visuales las lleva a cabo el pediatra. Si él no encuentra nada extraño y en la guardería o el colegio tampoco detectan algunas señales como el acercarse mucho al papel a la hora de escribir, la frecuencia de las revisiones puede ser anual en niños con ojos sanos.

Cuando los niños presentan problemas refractarios u ojo vago, las revisiones suelen ser más frecuentes, en especial al probar un nuevo tratamiento.

Por otro lado, desde los 40 o 45 años es normal que vaya pareciendo la presbicia o vista cansada, por lo que se vuelve a aconsejar la revisión anual con la condición de adelantarla si percibimos que vemos peor. Cuando hay otras enfermedades como la diabetes o la hipertensión, así como cuando se toman ciertos fármacos, se suele aumentar la frecuencia de las revisiones oculares. Lo mismo sucede en familias donde hay cierta predisposición genética a enfermedades como la miopía magna.

La revisión de la vista es rápida e indolora y debería ser una costumbre asumida. Si vas dejando pasar estos exámenes porque consideras que ves correctamente, te expones a no poder detectar a tiempo enfermedades importante que, con un tratamiento precoz o cirugía, suelen permitir conservar la visión y la calidad de vida.

También se necesita acudir a una revisión visual, esta vez inmediata, si aparecen ciertos síntomas extraños. Las revisiones visuales rutinarias las pueden llevar a cabo tanto oftalmólogos como optometristas.